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Los Futuros Sin Pesticidas Empiezan Con el Derecho a Saber: Una Breve Historia de la Lucha Contra el Racismo de Pesticidas en la Agricultura de California

Science for the People, Santa Cruz - 01.14.2022
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La agricultura de California depende de los pesticidas químicos, muchos de los cuales afectan negativamente a los que tienen contacto con ellos. En el frente están los trabajadores agrícolas y sus familias, que viven y van a la escuela cerca. A estos trabajadores, que son en su inmensa mayoría inmigrantes y personas de color, se les niega el acceso a la información sobre cuándo y qué se está fumigando.

* Editors' note: This article, published in Spanish, signals the commitment of DSA Santa Cruz to multilanguage inclusiveness, particularly in relation to Spanish-speaking community members. Santa Cruz Left thanks DSA Santa Cruz's Translation Collective for translating this document, which appeared earlier in English. We hope it will be the beginning of more bilingual and Spanish language publications providing a socialist analysis of local and regional conditions.

* Nota de los editores: Este artículo, publicado en español, señala el compromiso de DSA Santa Cruz con la inclusión multilingüe, en particular en relación con los miembros de la comunidad hispanohablante. Santa Cruz Left agradece al Colectivo de Traducción de DSA Santa Cruz por traducir este documento que apareció anteriormente en inglés. Esperamos que provoque más publicaciones bilingües y en español que proporcionen un análisis socialista de las condiciones locales y regionales.

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Activistas de Californians for Pesticide Reform demandan el derecho a saber cúando and dónde se aplican los pesticidas. Foto: Californians for Pesticide Reform.

La deriva de pesticidas ha sido un problema de larga duración en las regiones agrícolas de California. La "deriva" se refiere al movimiento aéreo de residuos o partículas de pesticidas hacia comunidades que pueden estar a kilómetros de distancia de su lugar de aplicación. En la región de la bahía de Monterey en California, la deriva a larga distancia de un pesticida fumigante conocido como cloropicrina está implicada regularmente en eventos de envenenamiento agudo, causando ardor en los ojos, náuseas y dificultades respiratorias entre los que viven en los barrios donde el viento lleva el pesticida (Glowa, 2015; Picazo, 2018). Otros innumerables casos de intoxicación por pesticidas no se denuncian. Esto es especialmente probable en las comunidades agrícolas que están expuestas a bajos niveles de deriva de pesticidas a lo largo de su vida, lo que conduce a altas tasas de cáncer, asma, irritación de la piel, problemas de aprendizaje y defectos de nacimiento - las relaciones con la deriva de pesticidas sólo se hacen evidentes años después (estudio CHAMACOS; informe del NRDC).

Prácticamente no hay ningún lugar en la región de la bahía de Monterey en las inmediaciones de una granja que no haya sido tocado por la deriva de los pesticidas. Los agricultores de esta región suelen aplicar los pesticidas una vez por campo en cada temporada de cultivo. En términos prácticos, las comunidades agrícolas deberían poder tomar medidas para minimizar su exposición a la deriva de los pesticidas si se les avisa con suficiente antelación de sus aplicaciones, pero no se les da la oportunidad.

Los comisarios de agricultura del condado que reciben y aprueban los Avisos de Intención de aplicación de pesticidas mantienen la información en secreto. El público sólo puede pedir las notificaciones cuando ya se han aplicado los pesticidas, cuando ya es demasiado tarde.

En la región de la Bahía de Monterey, una coalición de más de 50 organizaciones e individuos llamada Safe Ag Safe Schools (SASS) se está organizando para proteger a los niños en edad escolar de la deriva de los pesticidas. Los miembros de SASS fueron fundamentales para que se prohibiera el clorpirifos en California en 2019, un pesticida organofosforado vinculado a daños cerebrales en niños en edad escolar. Ahora han centrado su atención en la campaña para hacer públicas los Avisos de Intención.

Pero la lucha no será ni fácil ni rápida. Aprender sobre la profundidad de las conexiones entre la agricultura industrial, la fabricación de productos químicos y las agencias reguladoras es clave para organizarse contra los pesticidas. Por eso, la sección de Santa Cruz de Science for the People ha estado trabajando para descubrir las raíces imperialistas de la agricultura industrial, la importancia de los pesticidas en la agricultura de cultivos especiales de California, las vulnerabilidades políticas de los trabajadores agrícolas migrantes y cómo las comunidades agrícolas de California están reafirmando su agencia al organizarse para el "derecho a saber" cuando se aplican los pesticidas.

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Trabajadores agrícolas recogen fresas cerca de Oxnard. Foto: Alex Proimos, licencia: CC BY 2.0.

Trabajar Bajo la Agricultura Industrial

La región de la bahía de Monterey alberga un tipo de agricultura que se describe mejor como industrial. La agricultura industrial puede identificarse por sus grandes campos de monocultivo, su uso intensivo de fertilizantes y pesticidas, y su dependencia de la mano de obra barata y del costoso equipamiento agrícola. En las últimas décadas, la agricultura industrial se ha convertido en la norma "convencional" de producción de alimentos. Su objetivo era acabar con el hambre y la pobreza en el Sur Global mediante el aumento de la producción de alimentos, bajo la bandera de una "Revolución Verde". Sin embargo, en retrospectiva, el mayor éxito del modelo industrial ha sido la creación de un mercado para las tecnologías agrícolas, en el que las grandes empresas han acumulado una riqueza masiva.

Las empresas agroalimentarias han amasado fortunas vendiendo un conjunto de semillas patentadas, fertilizantes sintéticos y pesticidas químicos, a la vez que explotan la disponibilidad de mano de obra agrícola barata. Este sistema ha animado a los agricultores a simplificar sus campos, estableciendo economías de escala; pero esto se produce a costa de la destrucción del sustento de los pequeños agricultores y campesinos de todo el mundo, cuyos usos tradicionales de la tierra podrían sostener sistemas alimentarios diversos aprovechando un conocimiento íntimo de sus ecologías locales. Junto con la caída de los precios de las cosechas, el modelo industrial ha endeudado a muchos pequeños agricultores o los ha expulsado por completo de la agricultura. Muchos de los pequeños agricultores expulsados del negocio por la agricultura industrial han acabado siendo trabajadores agrícolas sin tierra.

Los costes medioambientales han sido tan elevados como los laborales. Al concentrar los esfuerzos de cultivo en un pequeño puñado de cultivos de alto rendimiento, la agricultura industrial ha eliminado los ricos linajes de plantas que dan a los sistemas alimentarios tradicionales su característica diversidad. Al aplicar fertilizantes sintéticos, a menudo hasta tal punto que se filtran a las aguas subterráneas y a los cursos de agua, la agricultura industrial contamina el agua potable con nitratos y crea "zonas muertas" sin oxígeno que matan la vida acuática. Al seguir un sistema de siembra anual, que requiere un laboreo frecuente del suelo, la agricultura industrial agota las reservas de materia orgánica de la tierra, lo que disminuye su capacidad de servir de sumidero de carbono y de sostener futuros ciclos de producción de cultivos. Y los pesticidas, por su parte, suelen tener efectos no deseados. De forma contraproducente, los pesticidas perjudican a los enemigos naturales de las plagas que, de otro modo, podrían mantener a raya a las poblaciones de plagas. Y como señalan organizaciones como SASS, la deriva o la aplicación incorrecta de los pesticidas perjudica la salud humana, especialmente en las comunidades que viven y trabajan en el frente donde se utilizan los pesticidas.

Con la imposición de la agricultura industrial en India y México, la Revolución Verde provocó cambios drásticos. El mismo modelo domina también la producción actual de alimentos en el Norte Global. Debido a su peculiar historia, la agricultura de California ha sido, si acaso, más proclive al modelo industrial que otras regiones de Estados Unidos.

Poco después de que California se incorporara como estado, su sector agrícola llegó a estar dominado por explotaciones a gran escala que tenían más en común con las plantaciones del Sur anteriores a la Guerra Civil que con las pequeñas granjas familiares que existían en el Noreste y el Medio Oeste. La clave del crecimiento de la agricultura industrial en California fue la división de clases que separaba a los "trabajadores" agrícolas de los "cultivadores". No es casualidad que esta división de clases haya caído junto con líneas raciales. La demografía de la población de trabajadores agrícolas ha cambiado a lo largo del tiempo: desde los trabajadores indígenas y chinos del siglo XIX, pasando por los trabajadores filipinos y japoneses de principios del siglo XX, hasta los trabajadores centroamericanos de finales del siglo XX y del siglo XXI y los trabajadores mexicanos durante al menos el último siglo. A lo largo de esta historia, las personas más marginadas de California fueron a menudo las que se encontraron trabajando en el campo en condiciones peligrosas. En toda la gama de huertos, viñedos y granjas de frutas y verduras del estado, lo que todos los diversos trabajadores agrícolas han compartido a lo largo de la historia de California es su impotencia.

Más del 90% de los trabajadores agrícolas de Estados Unidos son inmigrantes, y la mitad de ellos son indocumentados. En California suele ser el grupo de inmigrantes más reciente el que sufre más abusos y explotación. En la actualidad, los más recientes son los 120.000 trabajadores agrícolas indígenas mexicanos en California, que representan alrededor del 17% de la mano de obra agrícola del estado. Muchos son hablantes nativos de lenguas distintas al español y han sufrido discriminación en México. Ahora, se enfrentan a unas condiciones de trabajo inusualmente difíciles en los campos de California para una industria conocida por su dureza. La vivienda (especialmente en la zona de Watsonville) y la atención sanitaria son preocupaciones especialmente graves. Los pesticidas plantean aún más problemas.

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Pulverización de pesticides en un huerto. Foto: USDA.

¿Un Mal Necesario?

Los pesticidas químicos llegaron por primera vez a la agricultura de California como subproductos del refinación del petróleo y de las armas químicas y desinfectantes utilizados en las dos guerras mundiales. Al igual que en otras partes del mundo donde predomina la agricultura industrial, los trabajadores agrícolas y sus familias se enfrentan a graves amenazas para su salud por la exposición a los productos químicos nocivos.

Los escépticos del activismo de los pesticidas señalan las sofisticadas regulaciones de California como una protección adecuada para garantizar un uso seguro. Sin embargo, estas regulaciones no han hecho nada para frenar el aumento de las enfermedades relacionadas con los pesticidas. Basado en la lógica de que "la dosis hace el veneno", el llamado paradigma del umbral que subyace a la regulación de los pesticidas en California asume que es posible encontrar un "nivel seguro de exposición" para cada sustancia tóxica. El paradigma del umbral se utiliza para relegar las decisiones profundamente políticas al ámbito apolítico de la "ciencia de las decisiones" (que utiliza métodos cuantitativos para apoyar la toma de decisiones).

La aplicación del paradigma del umbral a los pesticidas agrícolas plantea varios problemas. En primer lugar, es notoriamente difícil modelar el movimiento de las toxinas a través del medio ambiente y hacia el cuerpo humano. La mayoría de los modelos sólo toman en cuenta la contaminación de fuente puntual, que se refiere a los niveles de toxinas en un solo sitio, mientras que los pesticidas pueden salir de múltiples sitios en cada aplicación. La modelización se complica aún más cuando se consideran los riesgos combinados para la salud de la exposición a múltiples tipos de pesticidas. Como resultado, incluso los mejores modelos pueden no predecir adecuadamente si una determinada aplicación de pesticidas supera el umbral de seguridad.

En segundo lugar, las mismas metas que estos modelos intentan cumplir están moldeadas por agendas políticas que limitan lo que "cuenta" como evidencia. Por ejemplo, mientras que muchos de los pesticidas fumigantes aprobados en California son conocidos como carcinógenos, neurotóxicos y disruptores hormonales, la gravedad total de sus impactos sólo se puede apreciar décadas más tarde, momento en el que los trabajadores agrícolas no pueden producir vínculos "definitivos" entre su enfermedad y una vida de exposición a los pesticidas.

En tercer lugar, el paradigma del umbral oculta las formas en que las soluciones técnicas se pueden usar para justificar y perpetuar una historia de racismo ambiental. En el caso de los fumigantes, la prominente solución de la "zona de separación", que requiere un amortiguador de cierta distancia entre los campos fumigados y los barrios cercanos, no hace nada para reducir la exposición de los trabajadores agrícolas en los campos.

Pero, ¿son los conocidos efectos negativos de los pesticidas y los fertilizantes sintéticos un mal necesario para proteger el suministro de alimentos de nuestra sociedad? ¿Es algo que nosotros, y en particular los que tenemos la desgracia de vivir cerca de las granjas o de trabajar en ellas, tenemos que soportar para que el mundo pueda alimentarse? Resulta que no, en absoluto.

Imaginando un Futuro Sin Pesticidas

Hay un movimiento creciente en California, conectado con luchas similares en todo el mundo, que lucha por limitar el uso de pesticidas en la agricultura.

En respuesta a las consecuencias sociales y medioambientales de la agricultura industrial, los activistas agrícolas y campesinos han contraatacado con la agroecología. Como movimiento social, la agroecología adopta diversos enfoques para construir sistemas alimentarios sostenibles y justos. Como ciencia, la agroecología considera el agroecosistema en su totalidad y examina las formas en que los sistemas alimentarios diversificados apoyan la salud de la tierra, la biodiversidad y la producción de alimentos. Como práctica, la agroecología adapta los principios generales basados en la ciencia ecológica y los sistemas de conocimiento tradicionales a las condiciones locales en las que la gente cultiva, teniendo en cuenta las dimensiones ecológicas, sociales, políticas y económicas de esas condiciones. La agroecología es un movimiento de varios frentes por la soberanía alimentaria: la autodeterminación de los agricultores para elegir qué y cómo cultivar en el contexto de un sistema alimentario globalizado. La agroecología exige el fin de la agricultura industrial y su dependencia de insumos externos, de los cuales los pesticidas son un componente fundamental.

Los ecos de los movimientos agroecológicos se pueden escuchar en las organizaciones en las que personas de todo el mundo luchan para oponerse a los pesticidas. A nivel internacional, la Red de Acción en Plaguicidas (Pesticide Action Network/PAN) reúne a más de 600 organizaciones no gubernamentales, instituciones, y personas de más de 90 países que trabajan para sustituir el uso de pesticidas peligrosos por alternativas ecológicas y socialmente justas. PAN está asociada con Californianos por la Reforma de las Pesticidas (Californians for Pesticide Reform/CPR), una coalición de más de 190 organizaciones que luchan por "cambiar fundamentalmente la forma en que se utilizan los pesticidas en California" y "desafiar a las poderosas fuerzas políticas y económicas que se oponen al cambio."

SASS es miembro de CPR en el área de la Bahía de Monterey. En los últimos meses, los miembros de SASS han trabajado incansablemente para llevar la campaña del Derecho a Saber ante los ayuntamientos y consejos escolares de la región. Gracias a sus esfuerzos, varios ayuntamientos de la región de la Bahía de Monterey ya han votado a favor de la campaña. El 21 de junio, veinticinco científicos de la Universidad de California firmaron una carta al Gobernador Newsom exigiendo que se hagan públicas las Notificaciones de Intención, caracterizando el Derecho a Saber como un asunto de justicia ambiental.

Para el consumidor medio de California, los pesticidas son un problema sólo si contaminan sus alimentos; en respuesta, muchos que pueden pagarlo optan por productos orgánicos. Pero para las comunidades agrícolas de la zona de la Bahía de Monterey y otras, la exposición a los pesticidas no es una cuestión de elección individual. Más bien, forma parte de la larga historia de impotencia forzada de los trabajadores agrícolas en un sistema agrícola industrial y capitalista que depende de su explotación y se beneficia de ella.

El uso de pesticidas, y el modelo industrial de agricultura que sustenta, es una cuestión altamente interseccional: la tierra, el trabajo, el medio ambiente, la salud pública y la raza están involucrados. La construcción de la liberación colectiva de estos temas y la visión de un mundo libre de pesticidas comienza con las comunidades agrícolas asegurando el Derecho a Saber.

Ciencia Para la Gente (Science for the People/SftP) es una organización activista que parte de la idea de que la ciencia no es una abstracción alejada de la sociedad. Por el contrario, es producida por el trabajo de los trabajadores de la ciencia y la tecnología. Pero bajo el capitalismo, las condiciones de esta producción y el uso de la ciencia están controlados por los ricos y poderosos. En SftP luchamos por una ciencia que sirva a toda la gente, organizándonos allí donde se produce o aplica la ciencia junto a todos los que luchan por la justicia. El capítulo de Santa Cruz del SftP ha participado activamente en el contra-reclutamiento en el campus de UCSC, apoyando a los Protectores de Mauna Kea, investigando la falta de vivienda en Santa Cruz, y participando en la coalición SASS.

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